En un audaz movimiento estratégico, BP anunció en 2020 su ambicioso plan de reducir la producción de petróleo y gas en torno a un 40% hasta 2030, como parte de una estrategia de lucha contra las emisiones y transición hacia fuentes de energía más sostenibles.
Sin embargo, la empresa ha experimentado recientemente un notable cambio de rumbo, revisando y reduciendo sus objetivos iniciales. BP prevé ahora una reducción del 25% de la producción de petróleo y gas para 2030. El cambio se produce después de un periodo en el que los precios de los combustibles fósiles se han disparado, lo que ha llevado a BP a anunciar unos beneficios anuales récord para 2022. Recientemente, Nestlé renunció a sus objetivos de neutralidad de carbono para algunas marcas, y Rio Tinto anunció que probablemente no alcanzará sus objetivos para 2030.
A medida que crece el impulso mundial hacia la sostenibilidad, los grupos de interés insisten en la importancia de los planes de transición de las empresas como herramienta clave para evaluar el impacto de su transición ecológica, como es el caso de BP. Esta necesidad era cada vez más urgente según nos acercábamos a la COP28 en Dubai, donde los líderes empresariales y políticos se enfrentaban a una presión cada vez mayor para acelerar el abandono de los combustibles fósiles y reducir las emisiones a la mitad en esta década.
Sin embargo, una investigación realizada por la consultora EY revela que apenas un 5% de los planes de transición de las compañías del FTSE 100 se consideran “creíbles”, lo que plantea dudas sobre el verdadero compromiso de estas empresas con la reducción de sus emisiones.
A pesar de que aproximadamente el 80% de las grandes compañías que cotizan en bolsa divulgan algún tipo de plan de transición, la falta de detalles suficientes pone de manifiesto la gran cantidad de trabajo que aún queda por hacer para trazar un camino completo hacia el cero neto.
Ante la falta de transparencia y la insuficiencia de los planes de transición, se vislumbran medidas reguladoras en el Reino Unido. El Gobierno está estudiando normas que obligarán a las grandes empresas a hacer públicos sus planes de descarbonización, indicando explícitamente cómo pretenden reducir sus emisiones y los costes asociados. Mientras tanto, la UE y Estados Unidos están introduciendo o proponiendo normas contables más estrictas.
La cuestión que se plantea es: ¿cómo pueden las empresas elaborar planes de transición climática creíbles y eficaces?
Demasiada dependencia de tecnologías no probadas
Uno de los principales obstáculos es la confianza de las empresas en previsiones demasiado optimistas sobre los costes del cambio climático. Por ejemplo, algunas grandes petroleras y gasistas han presentado la captura y almacenamiento de carbono (CAC) como una solución para mantener la producción de combustibles fósiles y, al mismo tiempo, mitigar la contaminación por gases de efecto invernadero.
Sin embargo, a pesar de importantes inversiones y años de investigación, la CAC no ha estado a la altura de su potencial. Los elevados costes asociados a la implantación de esta tecnología han obstaculizado su despliegue a gran escala, limitando su impacto en las emisiones mundiales. Aunque EEUU está tomando medidas para incentivar la CAC a través de las desgravaciones fiscales de la Ley de Reducción de la Inflación, depender en gran medida de tecnologías no probadas socava la credibilidad de los planes de transición. El consejero delegado de Rio, Jakob Stausholm, admitió recientemente: “Hay mucha tecnología que no existe y tiene que pasar por un embudo de I+D, y eso lleva mucho tiempo”.
Un sistema de incentivos imperfecto
Mientras tanto, las empresas de diversos sectores a menudo no realizan las inversiones necesarias para descarbonizar sus operaciones debido a la preocupación por la rentabilidad a corto plazo. Aunque las consecuencias a largo plazo del cambio climático, incluidos los posibles “activos inmovilizados”, pueden compensar los costes iniciales, los directivos, motivados por los bonus ligados a los beneficios o al precio de las acciones, suelen mostrarse reacios a tomar las medidas necesarias.