
by Diana Ritchie, Arturo Pasquel Published July 1, 2026 in Spanish Articles • 10 min read
Existe una frustración muy concreta que muchos ejecutivos con experiencia describen cuando atraviesan una transición profesional. Conocen las reglas del mercado. Saben que los puestos se cubren a través de relaciones, no de portales de empleo. Y saben también que, en los niveles más altos, donde una sola vacante puede atraer a cientos de candidatos, ser visible en internet rara vez basta. Aun asÃ, se encuentran generando conversaciones que no terminan de convertirse en oportunidades reales.
La razón, casi siempre, no es una falla estratégica. Es una falta de claridad. En un mercado que cambia más deprisa de lo que muchas organizaciones tardan en redactar una descripción de puesto, los ejecutivos que logran destacar no son necesariamente quienes tienen el historial más impresionante. Son aquellos a quienes resulta más fácil ubicar: personas cuya historia, propuesta de valor y dirección son lo bastante coherentes como para que otros puedan entenderlas, explicarlas y recomendarlas.
Ese trabajo interno —saber quién es uno y expresarlo con consistencia— es precisamente lo que busca resolver el Competitive Identity Framework. Desarrollado a partir del trabajo con ejecutivos sénior en transición, este marco ayuda a entender cómo son percibidos e interpretados los lÃderes en un mercado que depende cada vez más de la interpretación tanto como de las credenciales. Más que una lista de comprobación para un cambio puntual funciona como una herramienta continua de gestión de carrera: cuanto antes empiece a activarse, más útil resulta.

Pregunte a la mayorÃa de los ejecutivos sénior cómo se presentan y recurrirán enseguida a un cargo y al nombre de una empresa.
Vicepresidente de TecnologÃa. Director de Operaciones. Director general para EMEA. Todo eso describe una posición, no una propuesta de valor. Le dice al mercado dónde ha estado una persona, pero aporta poco sobre los problemas que sabe resolver.
El posicionamiento estratégico parte de una pregunta distinta: ¿qué problemas resuelve usted, con qué nivel de experiencia y en qué contexto genera mayor impacto su valor? La respuesta —especÃfica, repetible y expresable en una frase— es lo que permite a los demás situarle con claridad. Sin ella, incluso un ejecutivo sólido se vuelve intercambiable.
El instinto suele ser resistirse a ese grado de precisión. Mantenerse en términos amplios parece más seguro; da la impresión de que asà se dejan más puertas abiertas. En la práctica sucede lo contrario. Cuanto más especÃfico es uno, más coherente resulta y más rápida y fuerte es la respuesta del mercado. El foco no cierra puertas: hace posible que otros las abran.
Lo que destaca no son las habilidades, sino la especificidad.
Lo que destaca es la especificidad, no las habilidades.
Con la inteligencia artificial facilitando cada vez más la creación de currÃculums impecables y relatos ensayados, los perfiles directivos tienden a parecerse entre sÃ. El lenguaje es el mismo. Las capacidades que se reivindican también. La terminologÃa estratégica se repite tanto que ha dejado de distinguir.
Lo que destaca no son las habilidades, sino la especificidad. Las habilidades son intercambiables; en cambio, la combinación de trayectoria, contexto y experiencia es lo que lleva a una persona hasta donde está hoy. La propia carrera de Arturo Pasquel lo ilustra bien: nació en México, se formó en una academia naval militar, se trasladó de México a China, luego a Dinamarca y más tarde a Suiza, y pasó 25 años trabajando exclusivamente para empresas danesas en el centro de la innovación tecnológica. Hoy dirige un negocio de gestión de carrera para ejecutivos. Cada elemento, por separado, tiene un significado limitado. Juntos, configuran una trayectoria que ningún par puede replicar.
Una forma práctica de identificar esa diferenciación es revisar logros pasados: descomponer el proceso paso a paso y localizar dónde se creó más valor y dónde hubo mayor energÃa personal. Al repetir ese ejercicio con varios ejemplos, empiezan a emerger patrones. Y ese patrón suele señalar con precisión dónde está la diferencia.
Pero la diferenciación solo importa dentro de un contexto. Dos candidatos con perfiles similares pueden ser respuestas completamente distintas a necesidades distintas: uno puede encajar en la ejecución dentro de un entorno de alto rendimiento; otro, en la construcción de capacidades allà donde todavÃa no existen. La diferencia no está en el currÃculum, sino en cómo ese currÃculum se conecta con el problema concreto que hay que resolver.
LinkedIn es un punto de partida, no un destino.
LinkedIn es un punto de partida, no un destino.
Existe una idea extendida de que la antigüedad genera autoridad. No es asÃ. El tiempo aporta experiencia. La autoridad surge de pruebas visibles de resultados que sean accesibles, localizables y relevantes para el rumbo que se quiere tomar. En la práctica, esas pruebas deben estar preparadas y estructuradas para poder comunicarse con claridad en una conversación, no solo quedar registradas en un documento.
LinkedIn es un punto de partida, no un destino. La actividad aumenta la visibilidad, pero la visibilidad por sà sola no genera credibilidad. Lo decisivo es si alguien que aún no conoce a la persona puede entender rápidamente su trayectoria y el valor que aporta.
Las intervenciones públicas —hablar, compartir conocimiento, participar en conversaciones relevantes— van construyendo autoridad con el tiempo. También la construye el hecho de haber sido elegido: promociones, movimientos laterales o encargos que se conceden porque alguien creyó que ese lÃder podÃa cumplir.
Los ejecutivos que han pasado muchos años en una sola organización están especialmente expuestos. Su valor se entiende internamente, pero a menudo resulta invisible fuera. Reconstruir esa visibilidad exige traducir los logros pasados en relevancia futura, no como exhibición de antigüedad, sino como prueba de aplicabilidad.
La mayorÃa de las carreras directivas no son lineales.
La mayorÃa de las carreras de alto nivel no son lineales.
Una narrativa coherente genera confianza. Una narrativa confusa genera escepticismo y, en un mercado que se mueve rápido, el escepticismo suele cerrar la conversación antes de que empiece.
La mayorÃa de las trayectorias sénior no son lineales. Hay giros, cambios de industria, ampliaciones de rol. Lo que aporta coherencia no es una progresión impecable, sino un hilo conductor: un conjunto de valores, intereses o problemas que reaparece una y otra vez.
Con frecuencia, las historias más convincentes no son las más obvias. Un interés temprano que resurge más adelante, reforzado por la experiencia, puede terminar marcando una dirección nueva. Esos patrones, aunque no sean lo más visible del currÃculum, suelen ser lo que hace creÃble una narrativa. Lo mismo ocurre con los vacÃos. Un periodo fuera del mercado laboral, una mudanza entre paÃses, un tiempo dedicado a la familia: nada de eso necesita justificarse a la defensiva. Bien encuadrado, puede formar parte del propio hilo conductor.
La dificultad está en elegir qué historia contar. Una carrera larga permite construir muchos relatos, pero más no significa mejor. Un currÃculum detallado solo tiene valor en la medida en que responda a las necesidades de quien lo lee. La narrativa que funciona es la que conecta la experiencia pasada con lo que viene después. Una manera útil de enfocarlo es pensar en términos de énfasis, no de exhaustividad.
La trayectoria de Pasquel, por ejemplo, podrÃa contarse de muchas maneras. PodrÃa presentarse como un ejecutivo internacional de tecnologÃa con experiencia en varios mercados. PodrÃa subrayar el entorno militar que dio forma a su liderazgo y reforzó su interés duradero por el desarrollo de personas. O podrÃa posicionarse como alguien que ha pasado décadas entendiendo cómo operan las organizaciones dentro de un contexto cultural especÃfico, el danés.
Todas esas versiones son ciertas. Pero cada una responde a una necesidad distinta. La fuerza de la narrativa está en seleccionar los elementos más relevantes para el puesto que se busca y dejar fuera lo que no refuerza esa dirección. El propósito no es contar toda la historia, sino contar la historia adecuada.
Los canales importan menos que la consistencia.
Los canales importan menos que la constancia.
La visibilidad es la dimensión en la que más ejecutivos se puntúan peor a sà mismos y, al mismo tiempo, la que más suelen posponer. Siempre hay una razón para esperar. En la práctica, esperar también es una estrategia, solo que no una especialmente útil.
La cuestión no es si hay que ser visible, sino cómo serlo de manera intencional: no en todas partes, sino ante la audiencia adecuada. Un candidato, por ejemplo, no habÃa construido conscientemente una estrategia de visibilidad, pero ya tenÃa varias intervenciones previstas en conferencias. Una vez reconoció ese hecho, esos momentos se convirtieron en oportunidades deliberadas para demostrar su experiencia de forma especÃfica. La respuesta del mercado llegó después.
Los canales importan menos que la consistencia. LinkedIn, las conferencias, las conversaciones entre pares: ningún canal basta por sà solo. Lo que funciona es probar, observar qué genera respuesta y ajustar en consecuencia. El propósito no es el volumen, sino ser reconocido por las personas que importan para los puestos a los que se aspira.
Incluso con una visibilidad sólida, depender exclusivamente de candidaturas formales rara vez es suficiente. Quienes logran tracción suelen ser quienes identifican y activan pronto a personas dentro de las organizaciones, de modo que su valor se entienda antes de que se tomen las decisiones.
Esto importa especialmente a los ejecutivos que lidian con prejuicios relacionados con la edad en los procesos automatizados de selección. Los sistemas ATS son una realidad, y existen herramientas para contrastar un currÃculum con una descripción de puesto, pero una defensa más fiable sigue siendo alguien dentro de la organización capaz de impulsar su nombre antes de que el filtro automático lo descarte.
En ese sentido, la autenticidad se convierte en una señal para el mercado.
La autenticidad, en ese sentido, se convierte en una señal de mercado.
De las seis dimensiones, la alineación de identidad es la más personal y, a menudo, el punto en el que todo se sostiene o empieza a desmoronarse. El posicionamiento, la diferenciación, la credibilidad y la visibilidad pueden estar en su lugar. Pero si no están alineados —si los roles que se persiguen, los valores que se comunican y la forma en que alguien se presenta apuntan en direcciones distintas— esa grieta se percibe enseguida.
La autenticidad, en ese sentido, funciona como una señal de mercado.
Es también la dimensión que con más facilidad se compromete bajo presión. Cuando una transición se vuelve urgente, el instinto es ampliar la narrativa y mantenerse abierto a más opciones. En el corto plazo, eso puede generar movimiento. Con el tiempo, a menudo conduce a puestos que no encajan y al regreso al mismo punto de partida.
En la práctica, la alineación no puede improvisarse rápidamente. Se construye con consistencia a lo largo del tiempo: entre lo que alguien ha hecho, lo que decide perseguir a continuación y la manera en que explica esa dirección a los demás. Muchas veces, la alineación nace de la reflexión. Los lÃderes reflexivos suelen intuir, en un plano más profundo, el rumbo que desean seguir, pero crear espacio para pensar es esencial para aclarar y moldear conscientemente ese camino.
La coherencia narrativa conecta la experiencia pasada con la dirección futura. La visibilidad garantiza que se vea. La alineación de la identidad mantiene todo unido.
Las seis dimensiones del Competitive Identity Framework no funcionan en secuencia. Operan en paralelo y se refuerzan entre sÃ. La claridad del posicionamiento afina la diferenciación. El capital de autoridad le da sustancia. La coherencia narrativa conecta la experiencia pasada con la dirección futura. La visibilidad hace que todo ello sea percibido. Y la alineación de identidad mantiene unido el conjunto.
La debilidad en un área tiende a aflorar en las demás. La alineación entre todas genera impulso.
Los ejecutivos que consiguen avanzar en el mercado laboral oculto son los más fáciles de entender: tienen claro qué representan, muestran coherencia en la manera en que su experiencia se enlaza y son visibles para las personas adecuadas en el momento oportuno.
Eso es lo que convierte las conversaciones en impulso real. Y no se construye en el momento de la transición. Se construye con el tiempo.

Responsable de Carreras para Ejecutivos en el IMD
Diana Ritchie es directora de Executive Careers en IMD, donde lidera iniciativas de desarrollo profesional para participantes del EMBA y de los programas Executive Master’s. Su trabajo se centra en ayudar a profesionales con experiencia a afrontar transiciones de carrera y mercados laborales en evolución. Junto con sus colegas del Career Development Center de IMD, relanzó recientemente el Executive Career Development Track de la institución, un marco en tres fases diseñado para ayudar a profesionales experimentados a tomar el control de su carrera y desenvolverse tanto en progresiones internas como en oportunidades externas.

Director General, Lausana, y Socio, Grass & Partner
Arturo Pasquel cuenta con más de 30 años de experiencia como ejecutivo global de tecnologÃa y coach de transformación, actualmente trabaja en la intersección entre el desarrollo tecnológico, el liderazgo basado en valores y el futuro del trabajo. Su carrera comenzó con ocho años de formación intensiva en la Academia Naval, donde pasó de cadete a oficial. Esa base consolidó un compromiso firme con el liderazgo, la resiliencia y el pensamiento estratégico, cualidades que hoy lleva a cada proceso de acompañamiento ejecutivo. Cuenta con un Executive MBA por IMD.
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