
by Ben Bryant Published October 8, 2025 in Brain Circuits • 3 min read
Si respondes que sí a más de una, es probable que tu prudencia esté frenando la confianza a tu alrededor. Estas cuatro prácticas pueden cambiarlo:
Mostrar vulnerabilidad no es contar todo. Es mostrar lo justo para que el otro sepa que estás presente como persona, no como rol. Cuando compartimos algo genuino —una duda, una perspectiva emocional, un pensamiento real— invitamos a la otra parte a hacer lo mismo. La confianza no empieza cuando hablas, sino cuando invitas a que el otro hable.
Suavizar para no incomodar parece diplomático, pero a largo plazo resulta tóxico. La relación no se rompe por la verdad, sino por la duda. El feedback sincero —en tiempo real, con respeto— genera más seguridad que cualquier silencio educado.
No se trata de provocar, sino de elevar la conversación con preguntas que muevan el pensamiento. Si la tensión sube, una simple frase como «empecemos de nuevo» reinicia la emoción sin debilitar la intención. La incomodidad bien gestionada es el terreno donde nace la confianza madura.
Ser vulnerable no significa exponerse siempre. Un líder también debe saber mantener la calma, contener su propia ansiedad y sostener la del equipo. Contener no es cerrar; es proteger el espacio para que otros puedan pensar con claridad.
La confianza no depende de cuánto compartes, sino de cómo y cuándo lo haces. Mostrar humanidad sin perder claridad. Abrir la puerta sin entregar el control. Ese es el equilibrio que distingue a un líder de alguien que solo ocupa una posición.

Profesor de liderazgo y organización en el IMD
Ben Bryant es un reconocido experto en liderazgo, profesor y coach de equipos ejecutivos. Es profesor de Liderazgo y Organización en IMD (Lausana) y director del IMD CEO Learning Center y del programa Transformational Leader. Anteriormente ocupó la Cátedra Kristian Gerhard Jebsen de Liderazgo Responsable.
Explore first person business intelligence from top minds curated for a global executive audience