by Jerry Davis Published October 2, 2026 in Spanish Articles • 11 min read
Los grupos de personas pueden comportarse de forma tremendamente irracional, pero también existe sabiduría en las multitudes si sabemos cómo extraerla. En su libro de 2004 The Wisdom of Crowds, James Surowiecki, antiguo periodista de The New Yorker, relata lo ocurrido en una feria rural de 1906 en la que se invitó a los visitantes a apostar por el peso de un buey.
Unas 800 personas hicieron sus estimaciones. La media fue de 1.197 libras. ¿El peso real? 1.198 libras. Cualquier participante podía haberse equivocado por mucho, pero, en conjunto, la multitud acertó.
El mercado bursátil ofrece otro ejemplo de sabiduría colectiva y, como es bien sabido, resulta muy difícil de batir. Cuando las personas arriesgan dinero real, tienen incentivos para reunir suficiente información antes de tomar una decisión. En promedio, el mercado puede ser más acertado que cada uno de sus participantes por separado.
¿Y si pudiéramos aprovechar esa misma sabiduría para anticipar acontecimientos como elecciones, catástrofes naturales o invasiones? Esa es la premisa de los mercados de predicción: plataformas digitales que permiten comprar y vender contratos vinculados al resultado de acontecimientos futuros. Por ejemplo: «¿Anunciará Estados Unidos antes del 31 de diciembre el fin del bloqueo iraní del estrecho de Ormuz?» o «¿Superará mañana los 40 °C la temperatura máxima en París?».
El número de mercados de predicción no deja de crecer. Del mismo modo que las estimaciones de una multitud sobre el peso de un buey pueden converger en la cifra correcta, sus defensores sostienen que la compraventa de contratos sobre acontecimientos futuros puede ofrecer estimaciones precisas sobre la probabilidad de que ocurran. Un contrato cuyo precio sea de 0,65 dólares implicaría, por ejemplo, una probabilidad del 65 % de que el acontecimiento se produzca.
Shayne Coplan, fundador de Polymarket, un mercado de predicción basado en criptomonedas, los describe como una «máquina global de la verdad» capaz incluso de servir de apoyo a las políticas públicas.
Los mercados de predicción permiten apostar por una enorme variedad de resultados, desde competiciones deportivas hasta incendios forestales y guerras. El problema es que permitir que alguien apueste por acontecimientos sobre los que puede influir genera incentivos bastante desafortunados: provocar un incendio o una guerra o interferir en unas elecciones legislativas, por ejemplo. En Estados Unidos, las autoridades están modificando los juramentos que deben prestar los trabajadores electorales para proteger la integridad del primer ciclo electoral completo en el que estos mercados tendrán una presencia generalizada.
El sector de los seguros de vida comprendió hace mucho tiempo que solo debía vender pólizas a quienes no desean que muera la persona asegurada, lo que se conoce como «interés asegurable». Por eso no podemos contratar un seguro de vida sobre un desconocido o un enemigo.
Los mercados de predicción, sin embargo, todavía atraviesan una etapa incierta y cuentan con amigos poderosos, entre ellos el hijo del presidente de Estados Unidos. Los primeros resultados van de lo cómico a lo inquietante.
Grandes apuestas —o quizá grandes filetes—: los visitantes de una feria rural de 1906 demostraron una precisión sorprendente al calcular el peso de un buey.
La película Minority Report, de Steven Spielberg, imagina un mundo en el que tres «precogs», sumergidos en unas cubas llenas de una sustancia viscosa, predicen los delitos antes de que se produzcan, lo que permite a la policía detener y encarcelar a los «precriminales».
Lo más cerca que estamos de ese mundo son los mercados financieros, donde el valor de los activos de capital, como las acciones, representa la mejor estimación del mercado sobre los beneficios futuros.
Si un consejero delegado anuncia una nueva estrategia y las acciones de su empresa caen, puede cambiar de rumbo atendiendo a la señal que le envía el mercado. Del mismo modo, si un presidente anunciara unos aranceles que provocasen un desplome bursátil, podría dar marcha atrás después de comprobar el veredicto del mercado.
En cierto sentido, incluso si nadie obtuviera beneficios comprando y vendiendo acciones, el mundo seguiría beneficiándose de contar con una especie de GPS disponible las 24 horas del día para evaluar las decisiones empresariales y señalar cuáles funcionan y cuáles no.
La hipótesis del mercado eficiente (HME) —la idea de que el mercado bursátil incorpora rápidamente la información disponible y ofrece la mejor estimación sobre los beneficios futuros de una empresa— goza de amplia aceptación en la economía financiera. Michael C. Jensen, profesor de Harvard Business School, escribió en 1988 que «ninguna proposición en ninguna de las ciencias está mejor documentada» que la HME.
Los mercados de predicción permiten apostar por una enorme variedad de resultados, desde competiciones deportivas hasta incendios forestales y guerras.
Una muestra de su influencia es que amplios sectores del público inversor han abandonado los fondos de inversión de gestión activa en favor de fondos indexados pasivos, como los que replican el S&P 500. Vanguard, referente de la inversión indexada, es el mayor accionista de 19 de las 25 mayores empresas estadounidenses, una prueba de la confianza de los estadounidenses en el mercado —o quizá de su falta de confianza en los caros gestores de fondos—.
Gracias al ingenio creativo de Wall Street, hoy se negocia en los mercados una cantidad asombrosa de activos financieros, desde paquetes de hipotecas hasta derechos de autor de comedias televisivas o prestaciones de seguros de vida de personas mayores. Todos ellos generan precios que aportan información sobre el futuro gracias, una vez más, a la eficiencia de los mercados.
Los mercados de predicción ofrecen oportunidades para apostar sobre una amplia gama de resultados, desde competiciones deportivas hasta incendios forestales y guerras.
El economista Robert Shiller, ganador del Premio Nobel, es un escéptico moderado respecto a la hipótesis del mercado eficiente, pero se muestra optimista sobre los posibles efectos positivos de los mercados financieros. En su libro de 2003 The New Financial Order, explica cómo la generalización de las tecnologías de la información puede ampliar considerablemente las posibilidades de gestionar el riesgo y contribuir a un futuro más seguro y próspero.
Es una visión esperanzadora en la que una mejor información permitiría desarrollar seguros que protejan los medios de vida y préstamos vinculados a los ingresos que animen a las personas a desarrollar su talento. A mayor escala, Shiller propone «una nueva infraestructura de información económica: nuevas bases de datos globales de información sobre riesgos (GRIDs) que proporcionen la información necesaria para una gestión eficaz del riesgo».
Estas bases de datos permitirían protegerse frente a riesgos que hoy quedan fuera del alcance de los seguros.
En el escenario más optimista, los mercados de predicción ofrecen una versión de esa información global sobre riesgos. Basta entrar en uno de estos mercados digitales para hacerse una idea de ese mundo futurista: pantallas repletas de probabilidades asociadas a miles de acontecimientos, actualizadas continuamente a medida que se suceden las operaciones.
Hace 30 años, eBay creó una plataforma digital que conectaba a compradores y vendedores y convirtió el mundo en un gigantesco mercadillo. Una vez que resultó sencillo vender todos aquellos dispensadores de caramelos Pez y prendas vintage que nadie quería, todo lo que había en casa parecía tener una etiqueta invisible con un precio.
Los mercados de predicción prometen hacer algo parecido: convertir el mundo en un casino bien informado, conectando a compradores y vendedores de contratos sobre cualquier tipo de acontecimiento y generando, como resultado, estimaciones precisas sobre la probabilidad de que ocurra. Todos los acontecimientos del mundo podrían volverse más predecibles.
Truth Social comenzó a vender acceso anticipado a los datos de las publicaciones presidenciales por hasta 100.000 dólares al mes, lo que permite conocer —y apostar por— el futuro ligeramente antes que la competencia.
Pero la analogía entre los mercados de predicción y los mercados bursátiles es engañosa. Las acciones y los bonos están respaldados por unos ingresos futuros esperados. Esa es la esencia de un activo de capital y la razón por la que se fomenta la inversión en bolsa.
Los mercados de predicción no son una inversión. Un contrato sobre un acontecimiento no está respaldado por ningún «ingreso futuro». Son, sencillamente, salas de apuestas o, en algunos casos, intermediarios de seguros.
Esta ambigüedad parece desconcertar a los reguladores. ¿Es un contrato sobre un acontecimiento un valor financiero? No. ¿Es un seguro? No exactamente. En Estados Unidos, los mercados de predicción están regulados por la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), que considera las apuestas… perdón, los contratos sobre acontecimientos… como derivados financieros. ¿Derivados de qué? Los reguladores estatales y la CFTC mantienen una disputa sobre quién debe supervisar estos mercados.
La administración presidencial que llegó al poder en enero de 2025 se apresuró a flexibilizar las restricciones sobre los mercados de predicción, y los meses transcurridos desde entonces han dejado un amplio repertorio de casos que invitan a la cautela. Las operaciones realizadas en momentos sospechosamente oportunos —que algunos atribuyen a personas del entorno de la propia administración— se han convertido en un fenómeno recurrente.
En enero de 2026, justo antes de la operación estadounidense en Venezuela para capturar a su presidente, un usuario anónimo obtuvo 400.000 dólares de beneficio con apuestas realizadas en Polymarket.
La invasión de Irán elevó aún más las apuestas: se movieron millones de dólares poco antes de que se produjeran los acontecimientos en cuestión. Incluso el operador del teleprónter de Donald Trump participó en el juego y ganó 100.000 dólares «adivinando» las palabras que utilizaría el presidente en un discurso.
El uso de información privilegiada en mercados de predicción vinculados a decisiones gubernamentales era previsible, aunque quizá no influyera en los propios acontecimientos. Más preocupantes fueron los casos en los que los apostantes hicieron realidad aquello por lo que habían apostado, como ocurrió cuando los Chicago White Sox amañaron las Series Mundiales de 1919.
Las apuestas sobre la temperatura máxima en París se liquidan utilizando un termómetro situado en una torre del aeropuerto Charles de Gaulle. Un intrépido apostante podría haber ganado 20.000 dólares después de subir a la torre y apuntar con un secador de pelo al termómetro.
Pero existen oportunidades de apuesta mucho menos pintorescas. En enero de 2025, mientras los incendios forestales arrasaban el sur de California, Polymarket ofrecía, según señaló la revista Wired, casi 20 acontecimientos relacionados sobre los que se podía apostar: «¿Cuántas hectáreas habrá quemado el incendio de Palisades el viernes, tres días después de comenzar un martes? ¿Llegará a Santa Mónica antes del domingo? ¿Cuándo estará controlado al 50 %? ¿Estarán controlados los incendios de Palisades y Eaton antes de febrero?».
Los propietarios contratan seguros contra incendios para protegerse económicamente frente a una tragedia. Pero cuando apostantes anónimos pueden ganar dinero provocando un incendio, la situación adquiere un cariz muy distinto.
Aunque nadie ha sugerido que Estados Unidos entrara en guerra con Irán para ganar dinero en Polymarket, 150 cuentas apostaron el 27 de febrero a que Estados Unidos atacaría Irán al día siguiente y obtuvieron cientos de miles de dólares. Otra cuenta anónima ganó más de 500.000 dólares apostando a que el gran ayatolá Alí Jamenei sería apartado del poder justo antes de su asesinato.
Afortunadamente, todo el mundo reconoce que la administración estadounidense está completamente libre de cualquier conflicto de interés.
Truth Social comenzó a vender acceso anticipado a su flujo de datos de publicaciones presidenciales por hasta 100.000 dólares al mes: una forma de conocer (y apostar por) el futuro ligeramente antes que la competencia.
Los dos mayores mercados de predicción son Kalshi y Polymarket. Kalshi es un mercado financiero autorizado con sede en Nueva York, regulado por la CFTC como Designated Contract Market y centrado principalmente en las apuestas deportivas.
Polymarket opera a través de dos estructuras diferentes. En Estados Unidos puede ofrecer mercados sobre acontecimientos deportivos e indicadores macroeconómicos. Polymarket International, que permite operar sobre acontecimientos políticos, de entretenimiento y de actualidad, está legalmente vedado a los ciudadanos estadounidenses, aunque existen rumores de que en internet es posible eludir este tipo de restricciones.
La estructura corporativa de Polymarket es célebremente difícil de descifrar. Polymarket International está constituida y tiene su sede en Panamá, un país bien conocido por su transparencia y su rigurosa supervisión regulatoria.
Sin embargo, cuando NPR visitó sus oficinas no encontró a nadie, mientras que Wired informa de que antiguos empleados de la división internacional reconocieron haber trabajado desde la sede de Manhattan, aparentemente incumpliendo un acuerdo previo con la CFTC.
Aunque Kalshi y Polymarket presentan numerosas diferencias, tienen algo en común: Donald Trump Jr. Se incorporó a Kalshi como asesor remunerado el mismo mes en que su padre tomó posesión del cargo en 2025 y recibió una participación accionarial valorada en 300.000 dólares.
Más adelante ese mismo año entró en el consejo asesor de Polymarket, donde su firma de capital riesgo, 1789 Capital, realizó una inversión de ocho cifras.
En respuesta a una consulta de The New York Times, su portavoz escribió: «La idea de que Don, que jamás ha trabajado para el Gobierno, deba dejar de trabajar en el sector privado y mantener a sus cinco hijos simplemente porque su padre fue elegido presidente es absurda. El único conflicto de interés que existe aquí es el que enfrenta a la red de activistas de izquierdas y a sus aliados ideológicos en los medios de comunicación, que siguen utilizando mentiras e insinuaciones sin fundamento para difamar a Don».
Por otra parte, Truth Social, la plataforma de redes sociales de la familia Trump, abandonó sus planes de lanzar su propio mercado de predicción y dirigirá ese negocio hacia Crypto.com, otra compañía que ha entrado recientemente en este sector.
Truth Social también comenzó a vender acceso anticipado a su flujo de datos de publicaciones presidenciales por hasta 100.000 dólares al mes, una forma de conocer —y apostar por— el futuro ligeramente antes que la competencia.
No hace falta ser Nostradamus para prever que esto no acabará bien.
Profesor de Administración de Empresas y profesor de Sociología en la Ross School of Business de la Universidad de Michigan.
Jerry Davis ocupa la cátedra Gilbert and Ruth Whitaker de Administración de Empresas y es profesor de Sociología en la Ross School of Business de la Universidad de Michigan. Ha publicado numerosos trabajos sobre gestión, sociología y finanzas. Su libro más reciente es Taming Corporate Power in the 21st Century (Cambridge University Press, 2022), perteneciente a la colección Cambridge Elements Series on Reinventing Capitalism.
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